Arquitectura del Palacio de Bellas Artes de México

El Palacio de Bellas Artes de México se empezó a contruir el día 1 de octubre de 1904 por el arquitecto italiano Adamo Boari. En ese entonces se llamaría Teatro Nacional. Debido al movimiento revolucionario y a la falta de presupuesto, las obras se suspendieron en 1913. De 1919 a 1923 quedó al frente de los trabajos el arquitecto Antonio Muñoz García.

 

La obra se debería haber terminado en cuatro años, pero se demoró por varias causas, entre ellas hundimientos, pues el edificio tiene una estructura de acero, con muros de concreto y recubrimientos de mármol que lo hacen tener un gran peso. Otra causa fue el estallido de la guerra armada de la Revolución Mexicana en 1910.

 

Palacio de bellas artes

 

Boari dejó México en 1916. A lo largo de los siguientes tres lustros se efectuaron algunos trabajos de poca importancia, hasta que se reinician las obras en 1932, bajo la dirección del arquitecto mexicano Federico Mariscal, antiguo discípulo de Boari y quien concluyó totalmente el Palacio en marzo de 1934, inaugurándose el 29 de septiembre de ese año.

 

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El Palacio de Bellas Artes conforma una joya cultural de México no sólo por su proyecto arquitectónico, sino por todos los elementos de invaluable valor artístico que lo conforman, tales como: los grupos escultóricos dedicados a las artes y a la cultura mexicana en sus superficies exteriores; o en su interior por el vitral dedicado a Apolo y las 7 musas, la cortina de cristal de 22 toneladas que se levanta suavemente en cada función y los murales que resguarda, testimonio artístico del talento y el pensamiento de Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, González Camarena, Montenegro y Rodríguez Lozano. Estos son sólo algunos de estos elementos.

 

Bellas Artes en México Arquitectura

 

El Palacio fue construido con estructura de hierro. Hacia el exterior, sus muros se encuentran cubiertos por sillares de mármol blanco y en el interior los mármoles seleccionados fueron de diversos colores procedentes de Durango, Querétaro y Morelos.

En la actualidad, este recinto es objeto de un mantenimiento permanente para conservarlo en óptimas condiciones, siempre con fidelidad a sus formas y calidad originales.

 

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