La Catedral de Burgos, dedicada a Santa María, es uno de los monumentos más espectaculares de España y una de las obras maestras del arte gótico europeo. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, esta catedral castellana deslumbra por su intrincada ornamentación, sus altísimas torres caladas y la riqueza incomparable de su interior.
Situada en el corazón del casco histórico de Burgos, en Castilla y León, la catedral es también una parada ineludible del Camino de Santiago francés, que pasa por sus puertas desde hace siglos.
Historia de la Catedral de Burgos
La construcción de la Catedral de Burgos comenzó en 1221 por iniciativa del rey Fernando III de Castilla y del obispo Mauricio, un prelado de origen inglés que había estudiado en París y conocía de primera mano el gótico francés en plena efervescencia. Las obras avanzaron con rapidez durante el siglo XIII, cuando se levantaron la nave central, el crucero y la cabecera.
Sin embargo, la catedral que hoy admiramos es el resultado de más de tres siglos de construcción y ampliaciones sucesivas. Las célebres torres caladas de la fachada occidental fueron añadidas en el siglo XV, siguiendo diseños atribuidos al maestro Juan de Colonia, de origen alemán. Y la magnífica cimborrio estrellado —el cimborrio del crucero— fue reconstruido entre 1539 y 1568 por su hijo Felipe de Bigarny y el maestro Juan de Vallejo, tras derrumbarse el original.

Arquitectura de la Catedral de Burgos
La Catedral de Burgos es un compendio extraordinario de los distintos períodos del arte gótico, desde sus formas más austeras del siglo XIII hasta la exuberancia del gótico tardío y el plateresco del siglo XVI.
La fachada occidental y las torres
La fachada principal, orientada al oeste, está flanqueada por dos torres de 84 metros de altura rematadas con agujas caladas que parecen encajes de piedra. Fueron construidas en el siglo XV bajo la dirección de Juan de Colonia y su hijo Simón, y son el símbolo indiscutible de la catedral y de la ciudad de Burgos.
Entre las torres se abre la Puerta de Santa María, decorada con relieves góticos y escudos reales. Las puertas laterales —la Puerta del Sarmental al sur y la Puerta de la Coronería al norte— también conservan magníficas esculturas del siglo XIII.
El cimborrio y la linterna
El elemento más singular del interior es el cimborrio estrellado sobre el crucero, una obra maestra de la arquitectura renacentista española levantada en el siglo XVI. Su bóveda de estrella con nervios que se cruzan y múltiples ventanas crea un espectáculo de luz y geometría que ha deslumbrado a los visitantes durante siglos. Bajo él reposa la tumba del Cid Campeador y su esposa doña Jimena.
Las capillas
La catedral acumula nada menos que 19 capillas, algunas de las cuales son verdaderas obras de arte en sí mismas. La Capilla del Condestable, construida entre 1482 y 1494 por Simón de Colonia para don Pedro Fernández de Velasco y su esposa, es la más suntuosa: su bóveda estrellada y sus retablos la convierten en uno de los espacios más refinados del gótico hispano.

Tesoros del interior
El Papamoscas. Un singular autómata medieval del siglo XV, instalado sobre el reloj del crucero norte, que abre y cierra la boca cada vez que da la hora. Es uno de los relojes autómatas más antiguos conservados en Europa.
La tumba del Cid. Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y su esposa doña Jimena descansan en el crucero de la catedral desde 1921. La tumba, sencilla y austera, contrasta con la grandiosa arquitectura que la rodea.
El Cristo de Burgos. Una imagen devocional de Cristo crucificado cubierta con piel humana según la tradición popular, que durante siglos atrajo a miles de peregrinos.
La catedral y el Camino de Santiago
La Catedral de Burgos es una de las etapas más emblemáticas del Camino de Santiago francés. Miles de peregrinos entran cada año por la Puerta de Santa María y asisten a la Misa del Peregrino celebrada en el interior, continuando así una tradición que se remonta a la Edad Media.
Información práctica
La catedral puede visitarse durante todo el año. La entrada incluye acceso al claustro, las capillas y el museo catedralicio, con fondos de pintura, orfebrería y escultura medieval. Se recomienda reservar con antelación en temporada alta y calcular al menos dos horas para la visita completa.